SOBERANIA TECNOLOGICA Las cuentas de EE UU China y

SOBERANÍA TECNOLÓGICA / Las cuentas de EE. UU., China y la UE sin el anfitrión que no tiene fronteras

El encuentro entre los términos «soberanía» y «tecnología» (de la información, fíjate) es bastante parecido a lo que, en el imaginario colectivo, ocurre entre un perro y un gato: circunspección en el mejor de los casos, arañazos y mordiscos en el peor. La soberanía tecnológica se considera fundamental en el reciente informe del Centro de Economía Digital para todo aquel que quiera tener un papel en los equilibrios geopolíticos globales. En contexto, el estudio apunta que Europa aparece como la cazuela de barro entre las dos de hierro representadas por Estados Unidos y China.

Más allá de la confirmación de un estado de cosas tristemente consolidado, conviene hacer algunas consideraciones sobre el «perro» y el «gato». La soberanía es uno de los principios legales en los que se basa todo el derecho internacional y concierne a la autoridad suprema, en un contexto moderno, del Estado. Durante siglos su naturaleza ha sido esencialmente de tipo territorial, por lo que define límites físicos dentro de los cuales un sujeto ejerce una “summa potestas”. Esto significa que en las relaciones entre estados, la soberanía se traduce en independencia.

Por otro lado, las tecnologías de la información han creado un espacio en el que la propia idea de frontera carece de sentido, con la consecuencia de socavar el concepto de perímetro territorial dentro del cual el Estado puede ejercer sus prerrogativas, pero esto no es todo. No pocas veces este espacio virtual está bajo el control de un operador privado (emblemático en el caso de la Nube) con quien tratar.

En este sentido, solo mencionaré el caso de la disputa entre el gobierno australiano y Microsoft. Donde el primero quiera aprobar una norma para la cual, en caso de graves incidente cibernético que involucra infraestructuras críticas, el Estado puede intervenir directamente en la gestión de la crisis, la empresa de Redmond responde que no solo no tiene las competencias específicas, sino que también debe prever una compensación económica en caso de daños. Entre otras cosas, dado que las grandes tecnologías tienen centros de datos esparcidos por todo el mundo, afirmar la residencialidad de los sistemas y los datos se vuelve igualmente complejo.

Quizás podríamos hablar de soberanía «sobre la tecnología», o más bien la propiedad de la misma, pero en este caso Estados Unidos vuelve a tener como interlocutores a Google, Microsoft, Amazon, etc. Por otro lado, China, dado el peso particular del Estado en las empresas, quizás podría presumir de un alto grado de control, pero limitado a las capas más bajas de tecnología (una parte del hardware y áreas vecinas) y no sobre los sistemas operativos. y en gran medida, parte del software debería volver a abordar los mismos temas a los que Washington tiene que referirse. En realidad, el tema de la independencia, tal vez solo parcial, también es un problema para Estados Unidos y China.

En definitiva, hablar de soberanía sin incluir a otros actores, que no son estados, en el discurso significa llegar a un acuerdo sin el anfitrión.

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