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Subvenciones sí, préstamos no. Así se debilita la Recuperación

A finales de abril, todos los estados de la UE deberán presentar sus Planes Nacionales de Resiliencia y Recuperación (PNRR) para acceder a la financiación de la Comisión Europea proporcionada por la UE Next Generation. Los totales se conocen y son 672,5 mil millones de los cuales 312,5 de subsidios y 360 mil millones de préstamos que se cobrarán en los mercados con la emisión de “QuasiEurobonds”. La garantía de las emisiones vendrá dada por el presupuesto europeo que, sin embargo, no transforma estos eurobonos en un instrumento duradero de las políticas económicas europeas. El “Casi” especifica así su naturaleza “única” incluso si la duración de las emisiones para 2026 pudiera alcanzar los 30 años.

Tres problemas para la próxima generación de la UE

Surgen ahora otros tres problemas. El primero se refiere a la no utilización de préstamos por parte de los estados de la UE. El segundo es el cambio de QuasiEuroBonds en UnionEuroBonds reales similares a los bonos del Tesoro de EE. UU. La tercera es la dimensión macroeuropea en los sectores tecnocientíficos para reducir la dependencia de la UE (o aumentar su soberanía) que ha surgido de forma espectacular en el caso de las vacunas. La respuesta a estas tres preguntas no proviene de la apreciable coordinación de los estados individuales requerida por la UE Next Generation, que prescribe tanto restricciones sectoriales (transición verde y digital, movilidad sostenible, educación e investigación, salud y cohesión a otros) como limitaciones de tiempo de implementación. para inversiones. para 2026. Los tres problemas no se pueden resolver de inmediato, pero para consolidar la innovación de la próxima generación de la UE debemos reflexionar a partir de ahora.

¿Qué pasa si los préstamos no se utilizan?

El primer problema es, por tanto, que los 360.000 millones de préstamos previstos para los Estados sólo se solicitan parcialmente. Esta elección está surgiendo a medida que se presentan o anuncian los Planes Nacionales de Resiliencia y Recuperación. Francia y Alemania no prevén el uso de préstamos sino solo de subvenciones, España ha pospuesto la decisión mientras que Italia parece dispuesta a acceder a ella dada su megadeuda. Todas estas opciones están sujetas a la tendencia de las tasas de interés y la inflación. Dado que la decisión puede posponerse hasta agosto de 2023, existe el riesgo de que hasta entonces no se sepa cuál es la suma que pedirán prestados los Estados.

En esta incertidumbre, la Comisión Europea debe buscar soluciones alternativas porque si una parte sustancial de los 360.000 millones de préstamos no se utiliza, el impacto en la economía europea se reduciría considerablemente. La posibilidad de que los Estados sustituyan los préstamos de la Comisión por la recaudación directa de bonos del Estado en los mercados no sería suficiente porque, en cualquier caso, el efecto innovador global de la UE Next Generation estaría fragmentado y, por tanto, debilitado.

Euro-Finance y la economía real: el FEI

Varias veces he tratado con poderosas instituciones euro-financieras con credenciales para acceder a los mercados financieros con el más alto nivel de seguridad. Se trata de entidades controladas de diversas formas por los gobiernos de la UE, la zona euro y la Comisión. Bien conocidos son el BEI (Banco Europeo de Inversiones), Mes (Mecanismo Europeo de Estabilidad), Efsf (mecanismo europeo de estabilidad financiera), Bers (banco europeo para la reconstrucción y el desarrollo). Algunos tienen una larga historia y están operando activamente, otros fueron creados para necesidades específicas y ahora están infrautilizados. El caso del MES es ahora emblemático.

Entre las diversas entidades con gran potencial se encuentra el FEI, el Fondo Europeo de Inversiones. Dotado de personalidad jurídica propia, es una asociación entre público y privado (aspecto muy importante) con una participación tripartita: el Banco Europeo de Inversiones ha sido el accionista mayoritario con un 69,89% desde 2000; la Unión Europea, a través de la Comisión, posee el 21,55% de las acciones, pero en 2007 se estableció que este porcentaje se irá incrementando paulatinamente hasta el 30%; 38 bancos e instituciones financieras europeas, de miembros de la UE, Reino Unido y Turquía, poseen el 8,56% restante. El capital del Fondo es de 7.370 millones de euros, dividido en 7.370 acciones, 1166 de las cuales han sido creadas pero aún no liberadas. Servirán para llevar la cuota de la UE al 30%. Por tanto, el control está firmemente en manos del BEI y de la Comisión Europea.

Dado que ahora está claro que al menos 100 mil millones de los 360 previstos por la próxima generación de la UE como préstamos a los Estados no se solicitarán, la Comisión Europea podría emitir UnionEuroBonds en los mercados y destinar la recaudación para aumentar el capital de la EIF para transformarlo en Macrofinanciero de participación y promoción tecnocientífica europea. Si Fei adquiere participaciones innovadoras a largo plazo, será posible obtener rendimientos de las inversiones que recompensarán bien el capital suscrito de la Comisión. Se podrían sumar otras ampliaciones de capital en una alianza público-privada que ya caracteriza a la Fei que la Presidencia de Dario Scannapieco ha llevado a una altísima calidad de gestión. Las renovaciones por expiración de los UnionEuroBonds emitidos por la Comisión serían obvias.

Una conclusión: tres pilares económicos de la soberanía europea

La dependencia de la UE de Estados Unidos y China en varios sectores es conocida, grande y destinada a aumentar. La creación de mercado de las normas europeas de competencia será buena para los consumidores a corto plazo, pero expone a los ciudadanos a variables políticas y estratégicas. El caso de las vacunas fue emblemático. Lo mismo ocurrirá en muchos otros campos. Se conocen los sectores en los que invertir. Ahora se trata de hacer esto utilizando UnionEuroBonds como multiplicadores para hacer crecer las empresas y los laboratorios científicos que, en última instancia, conducen al progreso socioeconómico.

En el siglo XXI, la Euro-Soberanía depende económicamente de Euro-Finanzas, Euro-Tecnociencia y Euro-Moneda. Draghi fortaleció a este último. Ahora confiamos en el presidente de la Comisión Von der Leyen y en los comisarios europeos Breton y Gentiloni que ciertamente no son marketers doctrinales.